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Autorretrato Público

 

Por Raimundo Edwards



Camila Valenzuela estudia hace varios años la estructura del retrato, la figura humana y su registro en el tiempo. De manera íntima se apropia de un cuerpo de trabajo dirigido desde la recolección de imágenes familiares, específicamente álbumes que digitalizados, forman parte de un banco de imágenes alterable. Estas imágenes posteriormente son devueltas a un campo de representación distinto, la pintura, asumiendo como el fin de este recorrido el soporte pictórico.

La muestra Autorretrato Público se estructura a partir del registro fotográfico como visualidad y medio, ambos forman parte de un modo de ver y percibir la realidad mediatizada por este dispositivo. Si hoy los sitios web como Flickr o Tumblr son habituales álbumes en línea, manifestando y compartiendo imágenes personales, obsesiones o hobbies, antaño estos álbumes eran análogos y tangibles. El clásico álbum familiar era el objeto contenedor de vivencias, recuerdos, momentos personales y colectivos que mediante su constante revisión activaba otros recuerdos que no estaban registrados en la imagen fotográfica, si no que traían a la memoria situaciones y anécdotas asociadas al momento de la captura de éstas.

Camila trabaja a partir de estos recuerdos contenidos que mediatiza a través de la modificación digital de las imágenes (autorretratos) para reproducir un modelo pictórico. Sus pinturas se estructuran desde la superposición de capas, formas abiertas, manchas irregulares y fondos estampados con motivos decorativos. Hules para manteles saturados de ornamentos tanto vegetales como geométricos son utilizados como fondos que a través de la interacción del color ensambla y comunica una imagen autorreferente, un elemento público, contenido tal vez en el reconocimiento de un decorado de otra época en la cercanía cotidiana del material o en una pose específica.



La relación con el espectador: autorretratos del publico



Los visitantes son invitados a autorretratarse mediante la instalación de una mesa que contiene un espejo y materiales de dibujo. Así cada uno se puede poner en el rostro del otro. En el transcurso de un autorretrato, sin medidas exactas, a pura observación directa, la velocidad del trazo y lo reiterativo de la pose intentan lograr un parecido. Esa semejanza, que es traducción, marca un lapsus de tiempo, lo enmarca dentro de un formato, una figura. Y la figura es resuelta, la figura del rostro, que no hace mas que contener un momento, una memoria instantánea de aquello que creemos observar; mirando un espejo, una fotografía, una pintura. Nos hace pensar en nuestros propios rasgos, poses y anhelos.




Sala Aiep, Santiago, Chile. Junio 2012.

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