Camila Valenzuela Sepúlveda
Artista visual / Santiago / Chile
Artilugio chilensis, Sala La Perrera, Valencia España, 2009
(ad)versus artilugios chilensis
Por Miguel Ruiz Stull
Artilugio solo puede ser causa de curiosidad. En la treta, en el desvío y en la maña que mienta esta palabra solo alcanza la afirmación de un dar vueltas, versus para rodear aquello que aprecia y hace específica esta muestra y reunión: mostrar de lejos, de cerca, aquello que puede ser considerado lo chileno. Solo se puede responder, esto es, contestar, discutir, en fin, hablar de esta serie artística desde este rodeo, desde esa doble posición del discurso, de este discurso, que no logra tocar la obra de arte –jamás ha podido o querido hacerlo-, pero que a la vez excede o agrega un plus a aquello que se muestra en cuanto obra: obrar, poner en figura, poner en palabras, solo arriesga la imposibilidad de señalar, quizá y con mucha suerte, otear, aquello que el propio artilugio, en su audaz afirmación de artificialidad, no puede decir, tampoco indicar, menos aún tocar. La obra de arte, en su vocación moderna, tenía por imperativo, recordemos, mitigar y solapar su aire artificial, su técnica, a través de la presentación de la naturalidad: la obra de arte es más obra cuando ella esconde su forma y regla de producción. El artilugio, en cambio, un poco más cerca nuestro, y más cerca de las diversas propuestas que podríamos etiquetar sumariamente como arte contemporáneo, ha querido, ha hecho manifiesto también, su afirmación técnica, su alejamiento de aquella naturalidad que era el cumplimiento, también la deseada perfección de todo proyecto moderno en arte. Responder al artilugio, al artefacto, al artificio solo puede ser posible así, afirmando/negando su poder de engaño, de decepción, del placer que conlleva la puesta en presencia de un efecto de lo real; no su prueba o cotejo con lo real al modo de un contraste imitativo, sino la evidencia, y también su exceso, de su propia puesta en obra, de su artificialidad, de su técnica, de su, arriesgamos, contra natura. En esta imposibilidad se cifra nuestra ya fracasada, y por ello arrogante tentativa, un adversus por lo de más siempre lo es: querer conferir sentido aquello que escapa toda vez de él, que arrastra en devenir a las palabras que no logran decir, señalar, informar aquello que se muestra por su propio artilugio, queremos decir artificio, de su presentación.
O bien, acontece que esta misma imposibilidad de la referencia se cumpla en el desvío y la jugarreta implicada en todo artilugio, operando este imposible que ya señalamos, en aquello que esta serie se propone conjurar, esto es, de Chile: subrayamos así el genitivo chilensis único índice, solo alusivo como en todo artificio, que coliga esta exposición. El artificio, en fin, pareciese articular, conjugar, operar aludiendo a través de ese de que marca esta siempre difícil relación al origen unas veces por el acabamiento de lo autóctono (Hinojosa-Macan), por la fuga de lo cotidiano (Piracés-Valenzuela); otras aludiendo de modo enfático al declive de lo religioso y ancestral (Edwards-Saavedra), o bien, mostrando la violencia e inocencia de lo animal (Cusicanqui-Fuentes)